Homenaje a Mari Carmen Romero en su jubilación: educadora incansable y referente en la comunidad hispano-canadiense.
Hay personas que marcan etapas… y hay otras que marcan vidas enteras.
Hoy quiero rendir un homenaje muy especial a Mari Carmen Romero, con motivo de su reciente jubilación, celebrando no solo su trayectoria profesional, sino el legado humano inmenso que deja en tantas personas, entre ellas, yo.
Tuve la gran suerte de conocerla durante mis años en Toronto, en un momento clave de mi vida. Lejos de casa, en pleno proceso de crecimiento personal y profesional, Mari Carmen y su marido, Gregg, me acogieron con una generosidad infinita. Sin darme cuenta, se convirtieron en mis “padres” allí, en ese sostén emocional y humano que tanto significa cuando una está construyendo su camino.
Mari Carmen ha sido una figura clave en la comunidad educativa hispano-canadiense. Cofundadora de la Asociación de Profesores Hispano-Canadienses y de Escuelas Ayudando Escuelas, ha dedicado su vida a la enseñanza desde una mirada profundamente comprometida, inclusiva y transformadora. Profesora de español como lengua de herencia, así como de español, francés e inglés como lenguas extranjeras, siempre defendió el poder del lenguaje como nexo de unión entre culturas, generaciones e identidades.
Su determinación fue constante e incansable. Trabajó durante años para reducir la deserción escolar entre jóvenes latinos en Ontario, convencida de que la educación es una herramienta poderosa para cambiar vidas. Promovió activamente el aprendizaje del español como lengua de herencia, sabiendo que mantenerla fortalece no solo las competencias lingüísticas, sino también la identidad, la autoestima y el vínculo con las raíces.
Tuve el privilegio de ser voluntaria en la asociación, e incluso de formar parte como tesorera y hasta ser cofundadora de Escuelas Ayudando a Escuelas. Juntas organizamos talleres, jornadas educativas y encuentros con familias, docentes y responsables institucionales. Recuerdo especialmente las numerosas reuniones en las que trabajamos para lograr que el mes de abril fuera reconocido como el mes de la herencia hispana en Ontario. Fue un trabajo constante, muchas veces silencioso, pero lleno de propósito.
También colaboramos con iniciativas como el programa cultural y educativo Hispanic Roots, creado por Néstor Castro y su familia, donde nuestros talleres y jornadas tuvieron un lugar protagonista. Además, grabamos cápsulas educativas orientadas a prevenir la deserción escolar, a mantener la identidad. Fue un trabajo comunitario enorme, generoso, profundamente comprometido con el bienestar de las familias latinas.
La asociación también participó en programas educativos en radios como Voces Latinas de Toronto, para llegar a más familias.
Esa energía contagiosa de Mari Carmen hizo que saliera de mi zona de confort, yo tenía pánico a hablar en público, pero ella logró con su confianza en mí que presentara a los ponentes de nuestras jornadas o talleres, que entregara premios internacionales, que participara en el programa de radio... Todo esto marcó mi vida para siempre.
Fue ella quien me empujó, con cariño, a dar clases a niños. Gracias a ese impulso, descubrí mi verdadera vocación: enseñar español a los más pequeños, acompañarlos en su conexión con la lengua y su identidad.
No hay palabras suficientes para expresar mi gratitud.
Mari Carmen no solo enseñaba… inspiraba.
Y ese no era solo el lema de la asociación —educar es inspirar—, es su forma de vivir, de enseñar y de dejar huella.
Hoy, en esta nueva etapa que comienza para ella, celebro todo lo que ha sembrado. Porque su legado no se jubila: vive en cada alumno, en cada docente, en cada proyecto y en cada persona que ha tenido la suerte de cruzarse en su camino.
Gracias, Mari Carmen, por tanto.💛✨
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