Conoce a Mateo, un niño de ocho años que crece entre el sueco y el español. Una emotiva historia por entregas sobre bilingüismo, lengua de herencia.
Dentro de unos días comenzará una historia muy especial.
No es un cuento cualquiera.
Es una historia inspirada en muchas familias que viven entre idiomas y que, a veces, sienten que están recorriendo este camino en soledad.
Quiero presentaros a Mateo.
Mateo tiene ocho años.
Su madre es sueca y habla español.
Su padre es peruano.
Viven en Estocolmo, donde Mateo ha nacido y crecido rodeado del sueco, el idioma del colegio, de sus amigos y de casi todo lo que ocurre fuera de casa.
Pero al cruzar la puerta de su hogar siempre le espera otro idioma.
El español.
Lo entiende prácticamente todo.
Conoce canciones, cuentos y expresiones que lleva escuchando desde que era pequeño.
Sin embargo, hablarlo le cuesta mucho más.
Después de pasar toda la mañana aprendiendo, leyendo, escribiendo y resolviendo problemas en sueco, muchas tardes su cerebro simplemente necesita descansar.
Entonces responde en sueco.
O mezcla los dos idiomas.
Y eso es completamente normal.
Su padre conoce muy bien esa sensación.
Cuando era niño, sus propios padres emigraron desde Perú a Suecia. Creció entre dos culturas y dos lenguas, igual que ahora lo hace Mateo. Gracias al cariño y la constancia de sus padres, nunca perdió el español.
Hace unos años, al jubilarse, los abuelos decidieron regresar a Perú.
Desde entonces hablan con Mateo por videollamada todas las semanas.
Las conversaciones son un ir y venir entre el español y el sueco.
Saben perfectamente lo que significa vivir entre dos lenguas.
Nunca se enfadan si Mateo responde en sueco.
Nunca le hacen sentir que está fallando.
Esperan.
Le ayudan cuando busca una palabra.
Celebran cada frase en español como si fuera un pequeño regalo.
Y, sobre todo, se ríen mucho juntos.
Porque lo más importante para ellos nunca ha sido hablar un idioma perfecto.
Lo más importante siempre ha sido seguir hablando.
Lo que Mateo no sabe es que, antes de regresar definitivamente a Perú, su abuelo dejó preparado un pequeño secreto.
No trabajó solo.
Su padre fue su cómplice.
Durante meses imaginaron una aventura que algún día llegaría hasta la habitación de Mateo.
Una aventura misteriosa llena de acertijos que sólo pueden resolverse en un idioma.
Y este… sólo entiende el español.
Durante las próximas semanas acompañaremos a Mateo en esa aventura.
Una historia de enigmas, recuerdos, sonrisas y pequeños descubrimientos que, quizá sin darse cuenta, lo acercarán un poco más a la lengua que también forma parte de quien es.
Mientras Mateo abre cada pista, ojalá que muchas familias descubran que mantener una lengua de herencia no consiste únicamente en aprender reglas gramaticales y listas de vocabulario en el colegio o con un profesor.
Consiste en darle razones para querer hacerlo.
Bienvenidos a la historia de Mateo.
La aventura está a punto de comenzar.
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